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Desde hace 2300 años, la comunidad científica
ha hecho uso de la Geometría Euclidiana
para construir modelos matemáticos de las
estructuras de la Naturaleza, estableciendo filtros
sobre la complejidad de las formas naturales.
Un ejemplo: el modelo matemático para La
Tierra es una esfera. |
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Desde hace 25 años, un colectivo importante
de ingenieros, físicos y matemáticos
(posiblemente en este orden) han reconocido la
necesidad de complementar los modelos euclidianos
con nuevos esquemas geométricos. En efecto,
en la Naturaleza se encuentran objetos para los
que la autosemejanza resulta un instrumento de
modelización útil y para los que
los conceptos de dimensión basados en números
enteros positivos no describen de manera convincente
su modelo de ocupación del espacio. Concretamente,
esto sucede sucede cuando se desea caracterizar
muchas estructuras en Biología y Medicina.
Un ejemplo: Un modelo geométrico para un
árbol centenario. |
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Desde hace 120 años, por otra parte,
se han acumulado razones para pensar que la caracterización
de algunos objetos matemáticos requería
pensar en excepciones y contra-ejemplos o valorarlos
desde perspectivas nuevas, alejadas en particular
de los postulados euclidianos desde el punto de
vista de su descripción geométrica.
Un ejemplo: La geometría del conjunto triádico
de Cantor. |